lunes, 9 de abril de 2012

Fiat...


A veces irrumpe
la palabra
en romance con la vida.

Nombrar amor,
y que el amor
sea;
y sea
el ansia,
y el beso.

Nombrar amanecer,
y  que sean la luz,
los campanarios
deslumbrados
de palomas;
y sea vuelo suave
el horizonte.

Nombrar fuego,
y que sea hoguera
la mano temblorosa…

Viento:
y sea tu susurro.

Lluvia…
Y que sea tu boca.

Pero otras veces
la palabra
no conjura
los antojos
de la muerte;

y viene el miedo
cabalgando
sobre nudos
y recuerdos.

Aunque yo pronuncie
brevemente tu nombre de diamante,
o convoque a los dioses,
a los pájaros fugaces,
ronda la muerte
el silencio:

no huye, no,
la muerte.
No muere.

Silvia Piccoli - 2011

miércoles, 28 de marzo de 2012

Imponderables


Uno sale a la calle con ciertas ideas. Da por sentado –por ejemplo- que una puerta jamás se abrirá sobre el vacío. O que al verano sucederá el otoño, y que la flecha indica el sentido del tránsito.
Pero de pronto ocurre que una voz susurra una sentencia y una mirada triste intercepta tu mirada.
Entonces, acaban las certezas y se diluyen las referencias.
Te arrastra el vértigo de la traición, del pecado.
Y te asomas al borde del cielo, con las manos vacías.

Silvia Piccoli - 2012 

miércoles, 21 de marzo de 2012

el poema


parir
el poema

la palabra que sea
sangre
fogata
humanidad
cornisa
mapa
y cimiento

emblema de este tiempo
y de toda la utopía

que sea tierra
dejada atrás
y calle nueva

hijo
camino
sal
y mediodía
pan y luz
guerra
primavera
sexo y ángel
fango y desazón
vino y miel,
crepúsculo y estrella

parir palabras que quepan
en tu mano
en su voz
en la carne de todos
los convictos
y en el terror
de la última noche
antes del fin,
idéntica
a la primera noche
de los hombres
expatriados del Edén
sin dios
sin Eva
cobijados de la culpa
en la cueva sombría
del pecado
que no redimirán
sino a punta
de látigo
y de infierno

parir palabras
y poemas

desangrarse
en el otro
dolor
en otras
lágrimas
por otras venas

y que sean
mis ojos
los que sangran
por tu boca muda
por tus manos
prisioneras
por un anónimo
temerario corazón
hastiado
de gritar en la tormenta

¡mentira!
dirá el alegato
de inocencia:

“yo soy aquél que dijo”

y que eso baste

que nada cuenta
si se ahoga la palabra
entre algodones
entre reglas cortesanas

nadie ordene
tu son

parir palabras
en grávido silencio concebidas
y que irrumpan en razones
sin razón,
en un poema.

Silvia Piccoli – 2011

miércoles, 8 de febrero de 2012

Migración


Qué más da:
ni palabras indemnes
ni promesas
esquinadas a los sueños,
ni pájaros azules
ni eco de hadas…

Que las palabras
no se hicieron carne:
la traición ha sido
inevitable,
y los cristales
ensañaron sus aristas
hasta tatuarme lágrimas

-no hay brindis
no habrá vino
ni buenos deseos-

Y en cuanto a los pájaros…
¡Ah, los pájaros!
Anidados más allá del cielo,
calados en el terror
de la tormenta,
despojados,
han vuelto
fieles al llamado del mismo sueño
detenido
en la ventana.

Silvia Piccoli

jueves, 2 de febrero de 2012

Asedio


Cuatro lobos –Rojo, Negro, Gris, Blanco - vigilan los puentes sobre los puntos cardinales. Cada séptima noche, le aúllan a la Luna. 

En el corazón de la fortaleza, encelado y solo, te debates como el Quinto Lobo.

El llanto desesperado pone sitio a la torre.

Mi espera ha terminado.


Silvia Piccoli – En Primer Manual de Pequeños Auxilios (inédito)

martes, 10 de enero de 2012

Enarbolada


Dejó que su mirada se extraviara entre los senderos. Tenía un vestido amarillo liviano y los pies descalzos.

Con el alba llegaron los gorriones, primero de a uno, luego en parejas, y formaron efímeras comunidades de alborotadores que picaban a su alrededor, y después -cada vez más osados e impertinentes- en sus rodillas y hasta entre sus dedos.
Por la tarde llegaron los niños con sus nodrizas, sus triciclos y barriletes, y con las primeras sombras los estudiantes furtivos que se amaban desvergonzadamente a cielo abierto.

Nadie la vio. Ella tampoco pareció advertirlos. Sólo el Árbol, inmenso y extendido, fue plegándose sobre su fragilidad hasta rodearla con sus ramas nudosas, y suavemente la llevó hasta lo más profundo de su fronda.

Allí, se encontró con su mirada.

Por la mañana, una rama delgada con pequeñas flores amarillas pujaba hacia el cielo de septiembre, buscando el cielo.

Silvia Piccoli 
En Primer Manual de Pequeños Auxilios (inédito)

martes, 27 de diciembre de 2011

Itinerario


Serpentean
los caminos
con destino inacabado
en el eco invisible
de los trinos
de diciembre.

Estalla
la serena transparencia
inmemorial
en los ingrávidos
castillos
vegetales.

Trepa el sol,
y la luz
por el rotundo y fragoroso sesgo
de los tallos
enlaza con la vida
aún en el ocaso
y la tormenta.

Hélice
evasiva y contundente
se aloja y permanece
en el recuerdo…

Y llega el son
lejano
de una tarde
bajo este mismo cielo,
sin temores,
sin desdenes,
tú y yo
en la alfombra
embalsamada de este parque
que rezuma,
como ayer,
aroma de eucalipto.

Silvia Piccoli